¿Alguna vez os ha dado por echaros la mochila al hombro, colgaros una cámara de fotos al cuello y salir sin rumbo fijo en busca de instantáneas memorables? Aunque a día de hoy todos llevamos una cámara de bastante calidad en nuestro bolsillo, os puedo asegurar que tener una cámara de verdad entre las manos tiene un encanto especial. No es el hecho de hacer las fotos en sí lo que tiene el toque de romanticismo, sino todo el ritual que supone salir con el aparato en las manos con la intención de inmortalizar el mundo que nos rodea. Y por más que podamos pensar lo contrario, cualquiera puede intentarlo, siempre y cuando tenga acceso a una cámara. Ya sea en la ciudad más cosmopolita, en la aldea más rústica o en parajes perdidos de la mano de quién sabe qué, el mundo está repleto de rincones y personas interesantes que pueden convertir algo tan simple como apretar el botón del obturador en toda una aventura. TOEM, el nuevo proyecto del estudio independiente sueco Something We Made, toma esta idea como premisa y la combina con paisajes y personajes dibujados a mano y en escala de grises. El arte del dibujo y el arte de la fotografía se unen al arte del videojuego en una apacible propuesta en la que el indiscutible protagonista es ese característico sonido que hace el obturador de una cámara en el instante de capturar la imagen. Su presentación en el Indie World nos llamó la atención… Y ha llegado, por fin, la hora de recorrer su mundo.
¿Pero qué es el TOEM?
El título comienza como una aventura que tiene como objetivo principal viajar a la montaña de Kiiruberg a experimentar y fotografiar el TOEM en primera persona, impulsados por las lecciones de nuestra abuelita. Pero, ¿qué es el TOEM? Sólo sabemos que es algo que hay que presenciar al menos una vez en la vida. Es decir, un misterio a resolver cuya respuesta no conocemos hasta el mismo final de nuestro recorrido. Sin embargo, ese misterioso fenómeno, aunque os aseguramos que es algo digno de ver, no es otra cosa que un MacGuffin, es decir, una excusa argumental para conducirnos por este mundo. Aunque sea el elemento que bautiza el juego, TOEM resulta completamente secundario. Porque lo principal en esta aventura es el recorrido y (es en serio, no es por usar la frase hecha) los amigos que hacemos por el camino.
Y este camino lo recorremos con la indispensable compañía de una cámara fotográfica en la cual se fundamenta la jugabilidad del título. A lo largo de la aventura, hay un total de 64 misiones o tareas a cumplir, además de un álbum compendio en el que recopilamos imágenes concretas de distintas especies como «tatos» (una especie de pajarito pequeño), insectos, perros y gatos, además de otras sorpresas. Completar el juego al cien por cien supone culminar esas 64 misiones, llenar los 54 huecos que componen el álbum compendio y conseguir todos los logros de la lista de logros del juego. Y esto lo conseguimos, claro, explorando e inmortalizando con nuestra cámara lo que nos piden las misiones, los logros y el compendio.
Objetivo: Kiiruberg
La región se divide en varias zonas. El tutorial en Hogarlandia nos enseña a utilizar la cámara y nos muestra que el avance se basa en ayudar a las personas y seres de cada zona: si no completamos suficientes misiones, no nos sellarán el pasaporte para poder coger el autobús rumbo a la siguiente zona. Así pues, lo importante es pararse a hablar con los lugareños, conocer sus problemas y sus inquietudes y ayudarles a resolverlos. A veces bastará con buscar algo, recogerlo y entregarlo para completar la misión, pero la gran mayoría de nuestras tareas se fundamentan en fotografiar. Captar el instante adecuado de una acción, buscar algo oculto e inmortalizarlo, mostrar a cada personaje la imagen que quiere ver… Ese es el funcionamiento clave de TOEM. Documentar nuestro recorrido y ofrecer cada pieza, cada fotografía, a la persona indicada. Y en ocasiones esto producirá un efecto MUY visible en algunos personajes. Consejo: si veis que alguien brilla, fotografiadle. No os arrepentiréis.
La mecánica, sobre el papel, resulta sencilla, y eso hace que TOEM sea idóneo para jugadores de corta edad. Sin embargo, esto no significa que esté exento de desafíos. En ocasiones, las pistas para nuestras misiones son bastante abstractas y no es fácil adivinar a qué se refieren. Por lo tanto, estamos obligados a explorar, experimentar y observar. Y sobre todo, tener paciencia. Porque hay ocasiones en las que sólo la paciencia nos ayuda a ver completado nuestro objetivo. ¿Habéis visto alguna vez a un caracol echando una carrera hasta la meta? Si no es así… Bienvenidos al mundo de TOEM.
Esta red social también tiene fotos
La cámara, sin embargo, no es lo único que tenemos a nuestra disposición. Para reproducir la experiencia de un viaje fotográfico solitario, TOEM pone en nuestras manos un walkman (que nos gusta lo retro…) y diversos accesorios y atuendos. Éstos resultan esenciales para cumplir ciertas misiones: un trípode para poder hacer fotos desde lejos, un abrigo para resistir el frío, un sombrero de periodista para colarnos en una entrevista, una escafandra para bucear, una bocina para ahuyentar animales… Cada objeto conseguido es algo más que un accesorio estético, siendo útil en nuestro progreso en el juego y, adicionalmente, ayudándonos a adoptar una imagen más divertida.
En definitiva, lo que transmite TOEM es paz y tranquilidad, y sobre todo, espíritu social. La aventura se centra en las fotos, pero incluso las propias fotos son sólo un mecanismo que nos abre puertas con los habitantes de cada lugar, conociendo a personajes únicos, con personalidad propia, llenos de vida y muy adorables y divertidos. A pesar de su imagen gris, el recorrido transmite calor y amabilidad, haciendo que la experiencia de juego sea muy agradable. Sin embargo, se hace algo corta. Basta con completar alrededor de 40 misiones para llegar al final del juego, y es posible hacerlo en poco más de 3 horas. Es cierto que completar las 64 misiones, los logros y el compendio duplican la duración del título, dando mucho juego a jugadores completistas… Pero es inevitable quedarse con ganas de más cuando, tras el final de la aventura, somos finalmente testigos de la maravilla visual que es el TOEM.
TOEM entra por los ojos y los oídos
La apuesta estética de TOEM llama la atención desde el primer instante, recordando a esa época en la que las consolas portátiles aún no tenían color. Los escenarios y personajes están dibujados a mano y la gama cromática es una escala de grises, dando a la aventura un tono melancólico y nostálgico. Los dibujos tienen un estilo de cuento infantil muy logrado que ayuda a encariñarse con el mundo: la construcción de escenarios se hace en 3D pero los personajes son bidimensionales, dando la sensación de estar recorriendo un bonito diorama. La banda sonora es personalizable: podemos escoger avanzar escuchando únicamente los sonidos de la naturaleza y la vida urbana de los escenarios, o podemos encender el walkman para escuchar las canciones que vamos desbloqueando por el camino. De este modo, la experiencia se siente más personal. Ambas opciones están bañadas de sonidos relajantes y músicas agradables y amistosas, lo que le sienta como un guante a los escenarios que propone.
El estilo del dibujo a mano, así como la calidez de la banda sonora, funcionan bien tanto en modo sobremesa como en modo portátil. En líneas generales, el rendimiento del juego, que a priori parece bastante poco exigente, es bueno… Hasta que llegamos a las subzonas más avanzadas de la penúltima zona. Ahí, la introducción de elementos que no habían aparecido hasta el momento hacen que el framerate se vea comprometido, cayendo de forma notable y haciendo que el juego vaya a tirones, eso sí, sin volverse injugable en ningún momento. En un camino tan fluido en todos los sentidos como el que propone el título, estos compases finales suponen una nota discordante bastante poco agradable que, sin embargo, queda eclipsada por la traca final, un espectáculo visual que justifica en gran parte las decisiones de diseño estético de TOEM.
TOEM – La importancia de inmortalizar el camino
El recorrido por el mundo de TOEM, gracias a las decisiones artísticas y de sonido y la jugabilidad sencilla y accesible, se convierte en una experiencia inmersiva muy pacífica y disfrutable. Los personajes y seres que encontramos en cada lugar hacen que el mundo se sienta muy vivo y que queramos relacionarnos con él y explorarlo a fondo para descubrir sus secretos y sus detalles. Aunque la corta duración del juego y las caídas de frames circunstanciales estropeen un poco la experiencia, lo cierto es que el TOEM es un espectáculo digno de ver incluso teniendo claro que lo importante no es el final, sino el recorrido.
Hemos analizado TOEM gracias a un código digital cedido por Something We Made. Versión analizada: 1.03
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