Mezclar juguetes con videojuegos ha sido una tendencia habitual en los últimos años, con ejemplos por parte de Activision, Disney, Warner y la propia Nintendo. Llevamos ya dos años sin nuevas entregas de Skylanders, Disney Infinity y LEGO Dimensions, y lo cierto es que las figuras se amontonan en las tiendas, en muchos casos a precio de saldo, mientras que los amiibo se mantienen más por su valor estético que por tener ningún uso jugable, siendo en la mayoría de casos poco más que llaves para modos y niveles extra y galerías de arte. Con Starlink: Battle for Atlas, Ubisoft se mete de lleno en el mundo de los Toys to Life con algo de terreno ganado, ya que el público ya está bien acostumbrado a los juguetes que aparecen mágicamente en la pantalla… y quizás demasiado, por lo que queda poco del factor sorpresa. Así que, ¿qué tiene Starlink que no tuvieran los otros?
Para empezar, ofrece un uso diferente de los juguetes: ya no son figuras estáticas que dejar en un portal, sino que forman parte activa del juego. Tanto, que los acoplamos directamente al mando (Joy-Con Grip), en un accesorio un tanto aparatoso pero ligero, sobre el que se enganchan los pilotos, las naves y las armas que podemos cambiar en cualquier momento a lo largo del juego, con solo pulsar el botón de pausa. Con la nave, los dos pilotos y las dos armas que vienen incluidas en el Starter Pack podemos jugar la totalidad de la historia, pero si tenemos más armas, naves y pilotos tendremos una experiencia más completa y variada. Esto tiene sus «peros» y «matices», que cubriremos antes de lo que, en nuestra opinión, marca la verdadera diferencia en Starlink: una jugabilidad muy cuidada, divertida y con una gran profundidad que lo acerca mucho más al RPG que al arcade de acción.
Luces y sombras tras la tecnología Starlink
Starlink está protagonizado por un variado y muy amplio reparto de personajes que forman parte de una expedición científica en el sistema planetario Atlas, pero que pronto se ve envuelto en una guerra por el control de los recursos que movilizará a los habitantes de todos estos planetas. Podemos jugar la aventura con cualquier piloto y nave que tengamos (en el Starter Pack para Nintendo Switch vienen incluidos dos: Mason Rana, el creador de la tecnología Starlink, y nuestro amigo Fox McCloud, invitado exclusivo para nuestra versión, además de la nave Arwing y la nave Zenith en formato digital). Esa tecnología Starlink es la excusa en el juego para lo que hacemos en el mundo real: modificar en cualquier momento nuestra nave para acoplar nuevas armas, cambiar entre pilotos o incluso colocar un par de alas adicionales para así obtener mayor potencia (a sacrificio del peso y velocidad, claro).
Todo lo que hagamos con nuestros juguetes en la vida real se refleja en el juego. Si tienes dos naves «físicas» puedes retirarles las alas a una y colocárselas a la otra para tener una bestia parda perfecta para el combate… o jugar solo con el fuselaje, el «morro» de la nave: no tendrás armas, pero irás a toda mecha. También puedes conseguir algo intermedio si en el lugar de las alas pones las armas. Puedes incluso colocar un arma del revés, podrás disparar a los enemigos que tengas en la cola. Y ojo, que no son cambios solo estéticos: afectan a las estadísticas de la nave, su energía, defensa, velocidad, peso, ataque. Cada pieza (fuselaje y armas) cuenta además con múltiples ranuras para colocar potenciadores (que se obtienen a lo largo del juego, de estos no hay juguetes) con distintos efectos, desde daños elementales, obtener más experiencia, mayor velocidad o mayor cadencia de disparo en las armas. Y ojo, que el piloto (la figurita que se coloca debajo del fuselaje) cuenta también con su propio árbol de habilidades, además de un movimiento especial único. En el caso de Fox, invoca a Falco, Slippy o Peppy al combate durante un breve tiempo muy épico en el que suena cañero el tema musical de la saga, pero los hay de muchos tipos: desde atacar con ráfagas en un microjuego de ritmo a camuflarse brevemente (este último increíblemente útil).
Starlink: Battle for Atla triunfa con su propuesta de interactividad entre el mundo real y digital de una forma mucho más inteligente que sus predecesores. Tener estos juguetes en la mano invita a desmontarlos, a probar distintas combinaciones, ver cómo estos cambios influyen en el juego. Y, honestamente, también a jugar con ellos, porque son juguetes estupendos, ligeros pero robustos, con un buen acabado y unos diseños muy chulos. Sin embargo, aquí va el giro: todo Starlink es completamente jugable sin los juguetes. De hecho, nosotros hemos tenido acceso a la versión digital Deluxe, que viene con todo el contenido digital desbloqueado: todas las naves, armas y pilotos a nuestra disposición. Sí que hemos jugado con los juguetes, y probado la experiencia más «pura» del juego, aunque a la larga realmente poco importaba: todas las modificaciones que hiciéramos en los juguetes se podían hacer cómodamente desde el menú de pausa, con una interfaz muy intuitiva. De hecho, todos los juguetes desbloquean una versión digital de siete días, con lo que podremos jugar si nos llevamos la Switch fuera, si queremos usar el Mando Clásico o si simplemente nos apetece jugar tumbados. De hecho, el Starter Pack de Switch, como viene con el Arwing en lugar de la Zenith, la nave que viene de serie en forma juguete en los otras consolas, incluye esta última en formato digital. De hecho, si entras a le eShop puedes comprar la versión digital tanto del juego como de todos los juguetes adicionales que se venden aparte.
Es una situación extraña, porque sin duda Ubisoft quiere que juguemos con los juguetes (y que los coleccionemos, claro), pero por otra parte, permiten que sea completamente accesible en formato digital, aunque al mismo precio que en su versión física, y vendiendo el resto de packs como DLCs (aunque a un precio menor que el de sus equivalentes en plástico). A esto hay que añadir un factor a tener en cuenta, y es que, si bien no es particularmente más caro que otros Toy to Life, al contrario que otros juegos de este género, donde pagas para tener más, aquí llega al punto de pagar para tener mejor. Los contenidos adicionales que pagamos, tanto si compramos los juguetes como si los compramos por la eShop, no son niveles extra o coloridos nuevos personajes, sino recursos. En este caso, naves, armas y pilotos con habilidades y poderes muy útiles para nuestra aventura. Todos los planetas y desafíos del juego están abiertos sin necesidad de gastos adicionales, no hay nada oculto o cerrado bajo llave; sin embargo, la experiencia será menos atractiva si nos limitamos a los contenidos del Starter Pack… hasta el punto de que las naves actúan como son «vidas extra»: si nos destruyen, podremos continuar la partida si colocamos otra nave. Si no tenemos más… de vuelta al punto de control. Es cierto que apenas hay penalización por morir (el estado de los enemigos o jefes se mantiene tal cual, simplemente reaparecemos un poco más lejos), pero no es un detalle muy bonito.
Lucha, explora, lidera, farmea
Llegados a este punto, cada uno decidirá si acepta o no la propuesta comercial de Starlink: Battle for Atlas. Como todos los juegos Toys to Life, no es un juego barato, y los contenidos adicionales suponen un gasto muy importante (nave + piloto + arma son unos 30 euros) si quieres tener un efecto jugable que merezca la pena. En realidad, dado que estas expansiones son armas, naves y personajes, es de los juegos de este estilo que menos se apoya en estas expansiones para expandir su contenido, hasta el punto de que es posible hacerlos completamente opcionales. Lo cual produce no pocas paradojas: los juguetes son opcionales y sin embargo, son de gran calidad y su interactividad con en el juego es muy original. Y que dé la opción de jugarlo entero en digital, si bien no cabe duda de que es algo positivo, reabre el debate sobre si este tipo de juegos esconde en sus expansiones unos DLCs exageradamente caros y restrictivos. No hay una respuesta clara para esto, depende de lo que cada uno valore como ético, y más allá de daros toda la información, la única luz que os podemos ofrecer es sobre el juego en sí es bueno o no.
La respuesta es afirmativa, rotundamente. Como ya expliqué unos párrafos atrás, podemos configurar nuestras naves y armas de muchas maneras, con efectos notables tanto en las estadísticas como en el manejo de las naves. Y no solo eso: hay decenas de potenciadores y habilidades con los que personalizar y mejorar casi cualquier aspecto jugable, y con las que pasarse horas probando para sacar el máximo partido a nuestras naves. Gran parte del atractivo reside en la variedad de armas: hay de ráfagas, misiles, de corto alcance, con poderes elementales de fuego y hielo o incluso gravitatorias, que elevarán a los enemigos por los aires o que crearán vórtices de energía. Probar distintas combinaciones y descubrir las más eficaces para cada tipo de enemigo es uno de los mayores placeres del juego, algo para lo que, claro, hay que pasar por caja. Pero incluso si nos limitamos al contenido del Starter Pack, tenemos ante nosotros decenas de menús de configuración.
Estos toques roleros favorecen enormemente un juego mucho más profundo y estratégico de lo que en apariencia podría parecer. Aunque pasemos la mayor parte del tiempo combatiendo, tanto con naves y acorazados espaciales como con monstruos y fortalezas terrestres, el juego no se limita a una sucesión de escenas de acción, sino que teje un mundo abierto muy dinámico lleno de cosas por hacer y sitios que descubrir. El juego nos va enseñando a través de su historia principal, salpicada de escenas cinemáticas dobladas al castellano, todo lo que podemos hacer en Atlas, antes de soltarnos a explorar, combatir y farmear a nuestro gusto. Resulta que la Legión, los malos, están invadiendo cada uno de los planetas, y nuestra misión, además de liarnos a tiros, es organizar la resistencia para prepararnos para la batalla final. Tenemos que construir bases (como refinerías que obtienen recursos o talleres para mejorar nuestras naves), mejorarlas (en muchos casos a través de misiones «no conflictivas» como búsqueda de recursos o escaneo de fauna) y destruir la presencia enemiga en sus diferentes formas invasoras. También hay misiones secundarias que exploran más en la personalidad de los personajes y, en la versión de Nintendo Switch, unas misiones adicionales protagonizadas por el equipo Star Fox tras la pista de Wolf.
Llegar al final del juego es una tarea relativamente sencilla, pero conseguir el 100% en todos los planetas requiere muchísimas horas de juego. Y lo más probable es que quieras dedicárselas, porque la variedad de objetivos y tareas es muy amplia, explorar nuevas zonas del mapa siempre es satisfactorio, visualmente es muy atractivo y aunque los combates pueden hacerse repetitivos, siempre mantienen el interés gracias a las amplísimas opciones de personalización y unos controles en general intuitivos. La libertad de acción durante la mayor parte del juego es quizás lo más refrescante dentro del género de mundo abierto, y obliga al jugador a plantearse activamente sus estrategias: lanzarse a por los Titanes de los planetas del «borde exterior» sin mejorar bien las armas y sin mucha idea de cómo derrotarlos es casi un suicidio, así que mejor ir a por los Titanes más pequeños de los planetas iniciales y «farmear» un poco de experiencia y habilidad, y de paso, acumular mejores recursos para poder construir más bases que nos ayudarán en los planetas más peligrosos.
Conclusión
Que Starlink: Battle for Atlas sea un Toys to Life, con todo lo que eso conlleva, es algo desafortunado a la hora de dar una valoración. Si esto fuera un juego tradicional, con todas las armas, naves y personajes que pude disfrutar en la versión Deluxe desbloqueadas de serie, no podría recomendarlo más. La acción es rápida y directa, los controles de vuelo responden correctamente y la enorme variedad de opciones de personalización hace cada combate único. Y todo integrado en una aventura de mundo abierto con una historia y personajes entrañables pero que mayormente deja libertad al jugador para afrontarla como quiera, con una ingente cantidad de cosas por hacer para completar el juego. Además, es la puesta a punto de Fox y su Arwing en Nintendo Switch, y si bien sus misiones exclusivas no son gran cosa, queda como un detallazo que encantará a los fans.
Sin embargo, Starlink es más que eso. Es tal vuelta de tuerca al concepto de Toys to Life que se convierte en el juego que utiliza de forma más inteligente los juguetes físicos a la vez que es el único que es 100% jugable sin ellos. Es un dilema que no tiene respuesta clara, porque si para algunos puede que sea la cualidad más especial de Starlink (y ciertamente, los juguetes son muy bonitos y muy «jugables» como juguetes sin más), para otros puede ser un importante paso atrás por el tipo de contenido que bloquean tras unos precios muy elevados… que son aún más sangrantes si los vemos en su formato digital. En ese sentido, si lo compramos en la eShop, nos encontramos con un juego ya de salida extraordinariamente caro que vive, además, de una larga serie de DLCs a precios desorbitados al estilo no «Pay to Win», sino paga para tener las cosas más fáciles y extender la diversión.
Por esas razones, nos preguntamos si no hubiera sido mejor plantearlo sin juguetes de por medio. El juego, desde luego, tiene valores de sobra, y se alzaría como lo que es debajo de toda la parafernalia, un verdadero RPG de acción, quizás algo más arcade y accesible a jugadores jóvenes, pero con muchísima profundidad y diversión. Lo que le hace aún más especial es lo que lo mete en un terreno farragoso que nos impide valorarlo de forma definitiva, y que dependerá de lo que cada esté dispuesto a asumir. Dicho esto, es probable que a los más jóvenes de la casa les encante tener jugar con naves desmontables que intercambiar con sus amigos, así que quizás debemos preguntarles a ellos y ellas primero.
Hemos realizado este análisis gracias a un código de descarga y juguetes cedidos por Ubisoft.
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