Europa es una región en la que confluyen muchos territorios. Territorios con una historia común muy a grandes rasgos y cuyos desarrollo y avances se han extendido, con muchas notables excepciones y más allá de conflictos, de forma paulatina por toda la extensión (cambiante) que conformaba esta particular tierra de variedades. La razón de que a ojos del mundo humano se trate a Europa como la gran región que es en la actualidad tiene su origen en los procesos de unificación que se originaron en los imperios de la Historia Antigua. Aquellos emperadores no se preocupaban de una unificación: el motivo que les movía no era otro que hacer realidad el vanidoso deseo de la conquista mundial. A pesar de sus fracasos y de la más que evidente fragmentación posterior de sus pueblos, decenas de siglos de historia y coexistencia a veces pacífica une la mayoría de pueblos. A menor escala cada uno retiene su propia identidad, su historia, su cultura, su lengua y, según el caso, su moneda. Esta última, al menos, hasta que algunos países de la actual Unión Europea aceptaron sustituirla por una divisa común, el euro.
Y es que el lema de la Unión Europea, unidos en la diversidad, es un descriptor más que adecuado para el conjunto de los (actualmente) 28 de 50 países del continente que la conforman, de los cuales solo 19 han adoptado el euro. Más allá de ideologías que apoyan o cuestionan la moneda única o incluso la permanencia en esta unión supranacional, Europa es un territorio sumamente complejo. Es este motivo por el que algunos se asombraron en cuanto Tatsumi Kimishima, el actual presidente de Nintendo, no dio una cifra clara para el precio de estreno de Switch en nuestra región, pero sí fue claro al hablar de las regiones japonesa (29980 ¥) y estadounidense (299.99 $). Resulta normal entonces, cuando hay casi treinta divisas oficiales en todo el territorio (incluyendo los países que no son considerados «principales» y no tendrán la consola en la fecha de lanzamiento anunciada), escuchar a Kimishima decir: «para conocer el precio en Europa, consultad con vuestra tienda habitual«. Pero olvidémonos de las demás monedas en circulación dentro de nuestro territorio y centrémonos en el euro.
La mala sorpresa vino después al conocerse que esa «consulta al vendedor» se traduce en un precio de venta superior para el público del viejo continente, al menos de cara a la ya más que tradicional tasa de cambio «1 euro es igual a un dólar» de la que muchos nos hemos quejado anteriormente sin saber muy bien por qué. La mayoría de las tiendas europeas fijan el precio en 330 €, y si bien antes no resultaba especialmente problemático, ahora es uno de los principales quebraderos de cabeza en la decisión de compra de la consola que propone la compañía nipona.
¿Por qué no se ha aplicado la tasa de cambio de 1 € = 1 $?
1) El euro ha perdido mucha fuerza frente al dólar
El euro ha perdido mucho valor, en especial desde 2015. En NextN no nos dedicamos a la economía y no vamos a explicar el porqué. Este es el motivo principal del aumento del coste: el resto de razones son solo consecuencias de esta porque la fortaleza anterior del euro frente al dólar pagaba los costes adicionales debido a las dificultades añadidas que entraña vender en Europa (más aún si traes un producto de fuera). Durante la salida de Wii U a finales de 2012 el euro estaba alrededor de 1,30 dólares, suficiente para pagar todos estos costes; ahora que un euro equivale a 1,06 dólares, la cosa no pinta tan bien.
Por cierto, que el euro esté bajo no es una mala noticia de por sí: entre otras cosas puede servir para hacer más atractivo comprar a Europa haciendo que entre más dinero, aunque sí sea más costoso importar. Esto no es más que es una forma de incentivar que se dejen de comprar productos provenientes del exterior de la eurozona, provocando que sea más difícil que salga el dinero (y más sencillo que entre o se mantenga). Gráfico superior cortesía de XE.com
2) Los impuestos sobre el valor añadido (IVA) en Europa y en EEUU
Hay derechos que tenemos en España y en Europa desde hace tanto tiempo que ya parecen tan obvios que se pasan por alto. Las directivas europeas obligan a que en cualquier país miembro de la Unión Europea, el consumidor final tiene derecho a saber de forma clara el precio final de un producto, incluyendo impuestos (entre ellos el IVA) y otros costes. Para España, esta directiva europea se refleja en el artículo 20 de la Ley de Defensa del Consumidor. Los demás países europeos deben tener leyes similares, pero cada uno tiene un IVA distinto, a pesar de que siempre se aplica el mismo para un producto determinado dentro de un país.
En Estados Unidos esto no es así. No solo el derecho anterior no existe, sino que los impuestos para comprar un producto varían según estado, siendo algunos de ellos particularmente buenos para hacer compras (como por ejemplo Alaska para comprar juegos digitales tiene un tipo de impuesto del 0%). Como no hay obligación alguna de informar del precio final, al precio en dólares que ha ofrecido Kimishima hay que añadirle en las tiendas una cantidad de entre 0 y un 11,7%.
Para quien quiera saberlo sin hacer las cuentas, el PVP sin IVA de una Nintendo Switch que esté a la venta en España es de un poco menos de 273 €.
3) Las empresas prefieren el dólar
Tal vez no sea el caso de Nintendo (aunque sería muy improbable), pero la mayoría de empresas que operan a nivel mundial prefieren mantener sus reservas en la moneda estadounidense debido a que normalmente es la que proporciona mayor estabilidad y la que suele tomarse como referencia. Esto añade unos costes de conversión de divisas con entidades de cambio o de crédito, que normalmente se encuentra en torno al 5-10 %. Con esto en mente, entonces un euro vale efectivamente menos que un dólar si la tasa de cambio es inferior a 1,10. Mala cosa si, como vimos anteriormente, la tasa de cambio actual es de 1,06. Por tanto, ahora mismo un euro vale menos que un dólar.
4) Europa obliga a ofrecer dos años de garantía
Otro derecho que se da por sentado. Mientras los residentes europeos disfrutamos de dos años de garantía por directiva europea (reflejada también en el artículo 123 de la Ley Española de Defensa del Consumidor), aunque varía ligeramente según país, en Estados Unidos la garantía de estos aparatos es de solo un año. Por tanto, esto trae asociado un coste de servicio extra por la obligación de responder con una garantía que es superior en nuestro territorio.
5) En Europa no es posible fijar o incentivar un precio mínimo
Aunque normalmente los vendedores son libres de fijar los precios que quieran en cualquier economía actual de relevancia, hay ciertas prácticas en Estados Unidos que permiten imponer un precio mínimo a algunos vendedores (que, entre otras, se trata de acuerdos promocionales que solo afectarían a los que suscriban el acuerdo anterior). Estas prácticas en Europa están prohibidas para la mayoría de bienes y servicios. No obstante, para casi todos los bienes de consumo y sobre todo por consideraciones de imagen, un distribuidor puede legalmente decidir dejar de distribuir un producto a aquellos vendedores que decidan poner un precio inferior al que pueda interesarle a la compañía.
Como ejemplo aplicado a las farmacias pero que podría aplicarse a cualquier bien normal, se tiene esta resolución de la Comisión Nacional de la Competencia. Nintendo puede recomendar un precio para la nueva consola (el cual para Europa parece aún desconocido), pero cada tienda es libre de seguirlo o no.
Aún así, no sabemos el precio de distribución de la consola en ambos mercados. Una de las posibles medidas (legales) que podría haber adoptado Nintendo para evitar las rebajas al comienzo de la vida de Switch en Europa es por ejemplo distribuir caras las primeras remesas, de modo que el vendedor no tiene más remedio que fijar esos precios si quiere conseguir un margen razonable de beneficio.
Con este artículo hemos pretendido explicar la diferencia de precio entre ambas regiones ya que hasta hoy siempre se mantuvo una equivalencia (al menos en este sector) entre ambas divisas. No quita que, sobre todo psicológicamente, estos 30 euros de más (y las otras respectivas diferencias para juegos y accesorios donde aplique) suponen una gran barrera para que los consumidores nos hagamos con ella. Solo lo hemos querido explicar porque, a título personal del redactor, no se puede justificar un aumento general de precios para una sola región. Y en especial no se puede justificar aunque sea que a igualdad de precios de distribución, en Europa una compañía que opera a nivel global siempre registra un menor margen de beneficio por unidad distribuida debido a las razones anteriores.
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