Análisis – Paper Mario: Color Splash. Despedida simbólica de Wii U

¡Esperad! ¡No enterréis a Wii U aún! Nos ha tomado más de la cuenta, pero por fin os traemos el análisis de Paper Mario: Color Splash, el que, casi con toda seguridad, es el último gran lanzamiento de Nintendo para Wii U, sin contar el curioso caso de The Legend of Zelda: Breath of the Wild. Un título que, como comprobaréis en este texto, nos ha supuesto una mezcla de sentimientos buenos y malos, pero que no podemos sino reivindicar: es un juego muy a tener en cuenta… y una forma simbólica de despedirnos de la consola.

 

Devolviendo el color a Isla Prisma

La historia nos sitúa en Isla Prisma, un otrora paraíso que ahora está sumido en el caos por un ataque de un ejército de esbirros, como Shy Guys o Goombas, que están eliminando el color al mundo. Armados con un martillo capaz de repintar las zonas del escenario borradas, tendremos que buscar las Maxiestrellas Iris para devolver la vida y el color al mundo.

 

La última entrega de Paper Mario se aleja aún más de los componentes roleros, para ofrecer una experiencia más centrada en la exploración, eliminando la progresión del personaje y reduciendo los combates a un sencillo puzle recurrente. De hecho, el mundo del juego se divide en niveles independientes conectados por un mapa esquemático, aunque muchas veces tocará revisitarlos para buscar objetos y abrir nuevos caminos. El desarrollo es muy lineal, aunque no es verdaderamente un problema: el juego funciona bien con esta estructura. Son pequeños detalles jugables los que entorpecen la experiencia.

 

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Y muchos de estos problemas se localizan en los combates. Estos son por turnos, y para atacar necesitamos cartas de combate, que encontramos por el escenario o podemos comprar en la tienda. Saber racionarlas y usarlas estratégicamente es un gran acierto del juego, pues aunque las peleas son extremadamente fáciles de superar, si nos quedamos sin cartas nos encontraremos en un aprieto. Es una idea que ya exploró Paper Mario: Sticker Star de 3DS, pero refinada, y acaba por darle al juego un toque personal muy interesante. Lo malo es que son tan fáciles que no suponen ningún reto, y al no haber sistema de experiencia, pierden mucho incentivo, pues solo nos proporcionan unas pocas monedas. Acabarás huyendo de muchos.

 

Paper Mario Color Splash
El juego permite gestionar las cartas en el GamePad durante los combates, aunque el modo Off-TV está bien optimizado

 

El problema de los jefes finales

Pero lo peor viene con los jefes finales. En lugar de ser una lucha de desgaste, el éxito se basa enteramente en tener una carta específica. Se trata de las cartas de objeto, cacharros (con forma sólida) esparcidos por el escenario que ejecutan un ataque especial que rompe las defensas del jefe en cuestión. Cada uno requiere de una única carta en concreto, y como no la tengas equipada, puedes dar el combate por perdido.

 

En nuestra opinión, este sistema no funciona por muchas razones. La primera, es que es enormemente frustrante entrar a un combate bien preparado, cuando por mucha estrategia que le eches, no vas a ganar. Esta lección se aprende rápido: hay un Toad en el puerto que nos avisa si tenemos la carta necesaria, y nos da pistas en caso contrario.

 

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El tedio de abandonar el nivel antes del combate para ir a por el visto bueno de Toad se podría evitar si las cartas siguiesen una lógica, pero casi nunca lo hacen. Los efectos que cachivaches como un hueso, una cámara fotográfica o un plato tienen en el combate, si bien graciosos, son totalmente imprevisibles y responden más a la vis cómica absurda del juego que a la propia coherencia de la jugabilidad.

 

Ah, y reza por no pasarte ninguno por alto, porque entonces te va a tocar retroceder todos tus pasos cuando estabas a tiro de piedra de matar al jefe de turno. Es arriesgarse a romper el ritmo por algo que ni siquiera es divertido. Pasada la gracia visual, elimina toda emoción a estos combates, basados en seguir un guion y no en demostrar tu verdadera pericia a la hora de jugar tus cartas, nunca mejor dicho. Puede que el anterior problema te afecte más o menos, pero es una decisión de diseño muy cuestionable que limita el potencial de sus mecánicas por una simplificación que, quizás para hacerlo más accesible a todos, acaba por complicar aún más las cosas.

 

Otras mecánicas quedan mejor paradas. Por ejemplo, en determinados puntos podremos recortar partes del escenario, y jugando con la perspectiva podremos llegar a zonas aparentemente inaccesibles, saltándonos unas cuantas leyes de la física en el proceso, algo que nos recordó  a Super Paper Mario de Wii (y eso que el juego dedica un nivel entero a homenajearlo). Y en general, los puzles son ingeniosos, y nos obligarán a hablar con todos los personajes y a explorar tanto el nivel como otros ya antiguos, por lo que conviene estar atento. El juego no es difícil, pero tiene su miga, aunque en ocasiones puntuales se atragante.

 

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Gráficos y humor, buenos

Aún con sus altibajos, Paper Mario: Color Splash es difícil de no recomendar. Su encanto y su humor compensan estas asperezas en la jugabilidad, y las partes más ásperas merecerán la pena simplemente por esos diálogos ingeniosos, por esos encantadores personajes y por esos descacharrantes juegos de palabras y chistes absurdos. Las constantes interrupciones del juego por medio de cuadros de diálogo y escenas, lejos de cortar el ritmo (algo que temíamos en nuestro primer contacto), acaban por salvarlo.

Mención aparte merece el apartado técnico y artístico, tan cuidado como cabría esperar de una producción de Nintendo. Que los gráficos simulen todo el mundo de Mario como si fuera de papel y cartón no es nuevo: ya pasaba en el original de Nintendo 64, con resultados espectaculares. Pero ha sido necesario llegar a la era HD para demostrar todo su potencial. Paper Mario: Color Splash es uno de los juegos más bonitos que veréis este año en ninguna consola. Cierto es que Wii U no ha dado la talla técnicamente en muchos casos, sobre todo a la hora de mostrar mundos grandes y complejos, pero juegos como este, más modestos en cuanto a tamaño, han permitido elevar el nivel de detalle al fotorrealismo. Es como tener un diorama metido en la televisión. Eso sí, como suele pasar, el GamePad oscurece mucho la imagen, por lo que mejor jugarlo en televisión (aunque el modo Off-TV está muy bien optimizado para aprovechar los menús táctiles). Ah, y con sonido: la banda sonora tiene un nivel muy alto, con algunos temas tremendamente pegadizos.

 

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Paper Mario Color Splash – Alegoría de Wii U

Paper Mario: Color Splash es un juego de contrastes. La historia, el sentido del humor, los gráficos o la música son sobresalientes, pero la jugabilidad es mucho más irregular: cuando algunas mecánicas sorprenden por su ingenio, otras están mucho menos pulidas. Se sigue alejando de las raíces del rol, pero mantiene su propia identidad como mezcla de aventuras, exploración y puzles. Es un viaje a ratos mágico, a ratos frustrante, pero que te brindará muchas sonrisas. Una alegoría de la propia trayectoria de Wii U: una consola que lejos de ser perfecta, nos ha dado horas y horas de diversión, y a pesar de los malos tragos, el recuerdo será positivo. ¿Existe alguna forma mejor para despedirse de ella?

 

Paper Mario: Color Splash

 

 

 

Paper Mario: Color Splash ofrece un viaje irregular, pero finalmente satisfactorio. Sus mecánicas jugables tienen demasiados altibajos, pero los gráficos, la música, la historia y los diálogos te acabarán enamorando. Te vas a partir de risa.
HISTORIA
85
JUGABILIDAD
65
GRÁFICOS
85
SONIDO
80
Nota de lectores3 Votos
59
PROS
Pocos juegos te harán reír como este. Los chistes son maravillosamente absurdos: bendita traducción.
Gráficamente, es vistosísimo. Unos diseños espectaculares luciendo en glorioso HD.
Es muy largo, y aunque los componentes de rol son mínimos, mezcla un buen puñado de ideas...
CONTRAS
... una pena que no todas sean igual de buenas. Hay momentos donde solo la historia y el humor te empujan a seguir jugando.
Los jefes finales se basan en una única condición (un objeto) para superarlos. Resta dificultad, pero aumenta complicaciones, y llega a ser frustrante.
Puede acabar haciéndose repetitivo. De nuevo, su encanto salva los muebles...
75