En 1998, Nintendo quiso volver a apostar por las plataformas tradicionales en 2D, en la época de vorágine de las 3D, en una consola que sorprendía a todos con mundos poligonales como los de Super Mario 64, The Legend of Zelda: Ocarina of Time, Banjo Kazooie o Goldeneye. Pero, precisamente porque la innovación estaba en otro terreno, apostaron con Yoshi’s Story por algo distinto: unos niveles cerrados, cierto foco sobre la exploración y, por supuesto, un estilo gráfico y artístico que aun hoy no deja a nadie indiferente (y que sirvió de referencia para el reciente Yoshi’s Woolly World).
Jugabilidad – En busca de los corazones
Empecemos explicando lo más extraño del juego, su estructura. Se divide en seis mundos con cuatro niveles cada uno, pero en cada partida solo jugaremos a un nivel de cada mundo. Es decir, cuando superemos un nivel, pasaremos al siguiente mundo, así hasta superar los seis. Esto significa que terminar la historia nos tomará fácilmente menos de una media hora, aunque eso no debe desanimarnos. Como si de un Star Fox se tratara, la clave está en repetir la historia escogiendo otros niveles, que se abren atendiendo a los corazones que hayamos encontrado. Hay tres escondidos en cada nivel, y para que se abran las cuatro fases debemos encontrarlos todos.
¿Cuáles son los pros y los contras de esta estructura? En el lado positivo, pues oye, resulta más original, e intensifica el aspecto arcade del juego, basado en conseguir la mayor puntuación en cada partida (medida en varios parámetros, como la salud, el tiempo o la cantidad de objetos que consigamos. Por contra, difumina la experiencia del juego, y puedes acabar perdiendo el interés sin haber visto los niveles. Ahí ya entra lo mucho que te agrade el título en sí. Y es que los niveles también son inusuales, porque son cerrados, sin meta fija. El objetivo consiste en recoger 30 frutas, cuando lo hagas automáticamente saldrás del nivel. Esto resulta algo confuso al principio, aunque añade un componente de exploración que complementa las secciones de plataformeo más intensas. Esta mezcla es interesante, pero también bastante desequilibrada, especialmente por una dificultad ridícula en algunas secciones y bastante elevada en otras.
En resumen, no es un juego de plataformas al uso, pero en nuestra opinión, es lo que hace más interesante, que además contribuye en buena manera a paliar unos niveles más bien tirando a normalitos. Tienen alguna parte interesante, pero se antojan repetitivos, sin muchas mecánicas verdaderamente rompedoras, a lo que se suma la desequilibrada (casi inexistente) curva de dificultad ya mencionada. Es un juego que luce mejor en la teoría que en la práctica, lo que no quita que sea divertido. Y, si sois fans de Yoshi, vais a disfrutar de lo lindo.
Gráficos y sonido – De lo más bonito de Nintendo 64
Los gráficos y el sonido son realmente brillantes. El ser mundos en 2D en una época de apogeo del 3D los hacen brillar en cuanto a detalle y definición por encima de sus coetáneos: es uno de los juegos más bonitos de Nintendo 64, si bien en su día pasó desapercibido. Incluso llega a jugar con la profundidad en algunos elementos del decorado, o bifurcaciones (con resultados algo extraños, pero llamativos). Los decorados no dejan de ser los prototípicos de un plataformas de Nintendo (bosque, volcán, castillo…), pero son tan bonitos que lucen como nuevos.
Mención aparte merecen los Yoshi. Adorabilísimos, con unas animaciones muy suaves y expresivas, y por supuesto sus vocecillas, que brillan más que nunca en el ya mítico tema principal del juego.
Conclusión
Yoshi’s Story no es, ni de lejos, el plataformas más brillante que ha hecho Nintendo, pero sí uno de los más bonitos. Los preciosos gráficos y algunos aciertos de diseño compensan una jugabilidad algo inconsistente en calidad, aunque siempre entretenida.
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